De todos los
populi cántabros conocidos a través de las fuentes antiguas y de la epigrafía, uno de los más documentados es sin duda el de los
orgenomescos, cuyo nombre nos fue transmitido por Mela y Plinio. Este último en su
Naturalis Historia (IV, 110-111) al describir la geografía cántabra nos dice que:
"...
Ab eo [portus Victoriae Iuliobrigensium] fontes Iberi quadraginta millia passim. Portus Blendium. Orgenomesci e Cantabris. Portus eorum Vereasueca ..."
"... De aquí [
Portus Victoriae Iuliobrigensium] y a una distancia de 40.000 pasos se hallan las fuentes del
Iberus, el
Portus Blendium; luego los
orgenomesci, pertenecientes a los
cantabri, con el
Portus Vereasueca, perteneciente a los mismos ..."
A ellos se refiere también Ptolomeo (
Geographika, II, 6, 50) cuando cita entre las ocho ciudades cántabras la de
Argenomeskon, con las coordenadas 12º, 44º 30’, a pesar de lo cual no ha sido posible situar sobre el terreno dicha ciudad, ya que el litoral y el territorio cántabro en general aparecen totalmente desfigurados en el mapa ptolemaico que no guarda parecido alguno con la realidad.
De ahí que su búsqueda se haya hecho en base a la localización de
Iuliobriga, la única bien conocida hasta el presente de todas las que tenemos noticia, y que se asienta sobre la loma del pueblo de Retortillo (Campóo de Enmedio).
Ángel Ocejo, a quien citábamos en nuestra anterior entrada, apunta la posibilidad de que dicha ciudad pueda estar emplazada en la localidad cántabra de Quintanilla de Lamasón, donde dicho arqueólogo descubrió un paraje amurallado que en base a sus estudios sobre el mapa del geógrafo egipcio vendría a coincidir aproximadamente con el lugar donde éste la situó, lo que deberá confirmarse en el futuro con una excavación arqueológica más a fondo que la prospectiva.

Carta naútica de S. Vicente de la Barquera (http://www.puertosdecantabria.es/)

Mapa antiguo de la misma villa (http://www.puertosdecantabria.es/)
Otro tanto sucede con la situación del Portus Vereasueca de los orgenomescos, que para unos autores habría que situar en la localidad asturiana de Villaviciosa (lo que queda fuera de territorio cántabro), para otros en la ría de Tinamenor formada por la desembocadura del río Nansa en las inmediaciones de Pechón, y que la mayoría hace coincidir con la localidad de S. Vicente de la Barquera, en base a sus condiciones idóneas como puerto natural, bien conocido desde la Edad Media, y la aparición de algunas monedas celtibéricas y romanas.
Por su parte, Mela, en su Chorographia (III, 12-15) nos aporta, en un texto de difícil interpretación, el dato fundamental para poder ubicar sobre el terreno a los orgenomescos cuando dice:
"... per Autrigones* et Orgenomescos Namnasa descendit ..."
"... el río Namnasa desciende por entre los avariginos y los orgenomescos ..."
debiendo sustituirse Autrigones* por Avariginos (Codex Vaticanus) tal y como ya planteó García Bellido, para quien la primera de dichas formas, Autrigones, parece una corrección posterior. El hidrónimo Namnasa se viene identificando por similitud fonética y porque es posible su reducción a la forma actual, con el río Nansa.
La epigrafía también ha contribuido a la delimitación del territorio de este populi, ya que se han encontrado lápidas correspondientes a ellos en las localidades de Fuentes (Parres), Llenín (Cangas de Onís) y Torrevega (Llanes), todas ellas entre el Sella y el Deva, con algunos ejemplos fuera de su ámbito, concretamente en Monte Cildá (Olleros de Pisuerga, Palencia), Vega de Riacos (Palencia) y en las minas de El Centenillo (Baños de la Encina, Jaén).
De todas es especialmente interesante la hallada en Cangas de Onís por cuanto junto al nombre de dicho populi aparece citado también el de una gente perteneciente a ellos, los pembelos:
M(onumentum) p(ositum) d(iis) M(anibus) / Bovecio Bode(ri? Filii?) / cives Org(e)nom(escum) / e+ gent(e) Pemb/elor(um) vi(...) su(...) ann(orum) / LV posuit / aera (...)
CIL II 2707 = CIL II 5729 = ERAsturi 36.
"Monumento puesto a los dioses Manes. A Bovecio, hijo de Bodero, ciudadano orgenomesco, del clan de los pembelos, ... de 55 años, lo puso ...?"
El nombre de esta gente se ha relacionado con el topónimo cántabro de Pembes (Liébana), por su semejanza fonética, pero parece más probable que lo esté con el asturiano Peme, situado en las inmediaciones de Ribadesella, en territorio propiamente orgenomesco y más acorde con la localización de la lápidas ya mencionadas, aunque extraña dicho topónimo por ser contrario a la norma fonética de la zona donde cabría esperar el mantenimiento del grupo interno –mb- que sin embargo aparece en su forma reducida –m-.
En base a todo ello, a los orgenomescos se les ha asignado un territorio que por la costa iría desde el monte Sueve, en Asturias, hasta la localidad cántabra de Comillas, con epicentro en torno al río Nansa, al menos en sus cursos medio e inferior, desde donde habrían ido expandiéndose hacia el E. y O.

Vista general de S. Vicente de la B. (http://www.lh6ggpht.com/)
En cuanto a la etimología de su nombre procede del vocablo celta orgeno- "el que mata", "masacre", "muerte", presente en los antropónimos prerromanos Org-esa, Org-ilus, Org-ius, etc.. y el teónimo Orgeno, emparentados todos ellos con los vocablos a. irl. orgaid "(él) mata" y orcun "masacre", y los del a. bret. org "golpe" y orgiat "el que mata".
La segunda parte corresponde al vocablo también celta –mesco- "ebrio" (< *medu-sco-, derivado de medu "hidromiel", bebida famosa en el ámbito de los pueblos indoeuropeos y de la que nos ocuparemos en el futuro) presente en el a. irl. mesc "ebrio" y mescae "embriaguez".
Por tanto, orgenomescos equivaldría a "ebrios de muerte", con un sentido claramente guerrero coincidente con el carácter general de los pueblos cántabros que ha sido puesto de manifiesto en distintas citas de diversos autores antiguos, caso de Silio Itálico (III, 326-331):
"... Para él [el cántabro]es imposible vivir sin la guerra, pues toda la razón de su vida la pone en sus armas, considerando un castigo vivir para la paz."
Pero el mayor paralelismo con el significado del nombre del populi que aquí tratamos nos lo da Q. Horatius Flaccus (Carm., III, 4, 33-36) cuando nos presenta a otro de los populi cántabros, el concano como:
"... ebrio de sangre de caballo ...".
Bibliografía:
J. Glez. Echegaray. Los cántabros. Santander, 1986, pp. 24, 56-57 y 87.
Eduardo Peralta Labrador. Los cántabros antes de Roma. Madrid, 2000, pp. 121.
Jesús J. Maroñas. Onomástica de Cantabria. Santander, 1999, p. 58
Xavier Delamarre. Dictionnaire de la langue gauloise. París, 2003, pp. 225 y 244.