La caballería hispana en época prerromana tenía una doble función ofensiva-defensiva. Tito Livio cuando describe el ejército de Anibal afirma que entre sus filas existía una caballería pesada que servía para los grandes ataques, tal y como ocurrió en Cannas contra la caballería romana. Estos jinetes estaban equipados con escudos circulares (caetra), espadas y lanzas.
El caballo que utilizaban era de gran alzada y así lo atestiguan las estelas halladas en la Meseta y en Cantabria. Aparecen citados en el Corpus Hippiatriocorum Graecorum, aunque también se alude a otro tipo de caballo de menor tamaño y mayor velocidad. Plinio será el primero que nos indique que en la región cantábrica a los caballos de gran talla se les denominaba thieldones, mientras que a los de menor tamaño los nombra como asturcones. Silio Itálico afirma que estos últimos son “caballos de poca alzada, buenos para el tiro pero no así como caballos de guerra”.
Según los especialistas, en época prerromana, había tres tipos de razas equinas: el asturcón (ya mencionado anteriormente); el hispano (de mayor envergadura, resistente y muy útil para la guerra) y el thieldón o celdón de la zona noroeste, que era un cruce de las dos anteriores.
Estrabón cuenta que parte de la caballería hispana combatía con fuerzas de infantería ligera y los caballos que utilizaban estaban habituados a escalar montañas y flexionar los cuartos delanteros según las órdenes que recibían en cada momento. Esta forma de combate hay que relacionarla con la costumbre hispánica de montar dos guerreros en un mismo caballo, de manera que uno bajaba en el momento de la lucha, aunque los propios jinetes, en caso necesario, podían desmontar y combatir como infantes. Será el mismo Estrabón el que certifique esta práctica entre los cántabros y Diodoro entre los celtíberos, del mismo modo que César a su vez, señala una conducta semejante entre los germanos.
La caballería cántabra desempeñó una labor importante en las incursiones de saqueo, asaltos sorpresa y corte de comunicaciones contra los ejércitos romanos. Para este fin desarrollaron una modalidad de lucha apropiada a la orografía de su territorio, lo que se denomina “guerra de guerrillas”.
Adriano, en su adlocutio nombra a la Cohors VI Commagenorum Equitata, que utilizó delante del emperador una maniobra militar denominada “cantabricus densus” y Flavio Arriano, en su Táctica, dice que las tropas romanas asimilaron lo que se denominaba la “Cantabrique” en donde la describe detalladamente. Este era un ataque en formación cerrada y compacta, aproximándose de forma impetuosa y a galope contra el enemigo. A pocos pasos los escuadrones cántabros giraban a la derecha, con el flanco izquierdo protegido con un escudo mientras lanzaban numerosas jabalinas. Los jinetes seguían galopando en círculos para pasar por las líneas enemigas mientras lanzaban sus proyectiles.
Esta modalidad servía para provocar un mayor número de bajas en filas enemigas ya que se retiraban velozmente, lejos de su alcance. El flanco atacado, de esta manera, sufría una notable desorganización y desgaste, tanto militar como humano. Se debía ser un consumado jinete para que esta práctica fuera eficaz, y poseer una gran habilidad, ya que debían protegerse con el escudo de los proyectiles enemigos. Queda probada su asimilación por parte del ejército romano.
Según estos, los cántabros, eran considerados buenos jinetes y así fueron representados en diversos relieves, como el Arco de Tarragona y muy posiblemente en otros del templo de Apolo Soriano en Roma.
Con este tipo de maniobras lo que perseguían era dejar preparado el terreno entre las líneas enemigas para el siguiente combate, que sería el cantabricus ímpetus. Sólo entre el pueblo germano encontramos una táctica similar, cuya caballería avanzaba en un apretado círculo, salvo con la diferencia que éstos no arrojaban dardos a sus enemigos, mientras que los cántabros sí realizaban esta acción, tal y como Tácito nos indica.
Silio Itálico por su parte llama al combatiente cántabro spicula densus cantaber (aquel que iba cargado con gran cantidad de dardos con los que acosaba intensamente a los romanos). Una representación de este tipo de jinetes la encontramos en la estela de San Vicente de Toranzo.
Bibliografía: Peralta Labrador, E. Los Cántabros antes de Roma.
lunes 10 de noviembre de 2008
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3 comentarios:
Interesante entrada, estoy ansioso por ver la proxima, saludos Cobo.
bien, ahora leeré cosa de mi tierruca con base... y no con especulaciones jejejej
animo, y ya sabes donde me tienes para lo que necesites
un saludo y enhorabuena
Gracias a ambos, aunque el mérito de esta entrada sobre la caballería de los cántabros es de Vindoara, la co-administradora del blog que ya está trabajando en nuevos temas que subir al blog, aunque como el buen vino ... poco a poco.
Así que al César lo que es del César y a Vindoara lo que es de Vindoara.
Saludos.
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