miércoles 1 de abril de 2009

Las fronteras de la Cantabria prerromana (II). La frontera occidental (3). Lengua y toponimia en Asturias (1). La h- aspirada.


Tradicionalmente tanto filólogos como historiadores han venido situando la frontera lingüística entre Asturias y Cantabria en el río Sella (Menéndez Pidal, Sánchez Albornoz, etc...), aunque de forma más reciente en el tiempo José B. Arduengo llevó dicha divisoria hasta el río Ponga, al apreciar que en su cuenca los habitantes de la margen derecha hacen uso de la h- aspirada, mientras en la izquierda es sustituida por la f- en posición inicial de palabra.

Sobre el origen y mantenimiento de este fonema f- o su cambio en h- han sido muchos también los autores que se han ocupado de ello, con muy diversas opiniones al respecto. El tema fue tratado con amplitud por M. Pidal, quien llegó a la conclusión de que en los tiempos primitivos de la P. Ibérica ésta se dividía en dos porciones muy desiguales: la mayor parte aprendió correctamente la f- latina (León, Portugal, Toledo, Aragón, Cataluña, etc...); y la otra porción, mucho más exígua, la rechazó y en el ámbito popular la sustituyó por la h-, sonido familiar en su lengua indígena, lo que sucedió en la Cantabria antigua y sus inmediaciones (fenómeno también observado en el N. de Italia, Calabria y Cerdeña oriental), extendiéndose con mucha menos intensidad hacia la zona aragonesa, mientras al otro lado de los Pirineos se da en el gascón.

El citado cambio f- > h- aparece documentado desde el s. IX, pero parece que su génesis habría que retrotraerla algunos siglos atrás, hasta los orígenes románicos. Desde Cantabria pasó al incipiente castellano en su forma muda, propagándose de N. a S. en la península, mientras en la zona de influencia del leonés triunfó la f- debido al apoyo recibido desde la corte leonesa. Dentro de la Cantabria nuclear dicha h- inicial era un sonido aspirado y como tal se conservó al N. de la Cordillera Cantábrica fundamentalmente, debido al secular aislamiento de las gentes asentadas entre ella y el mar, reflejado no sólo en el habla, sino también en la toponimia donde aparece escrito con j-, por equivalencia fonética con la /x/ velar del castellano.

Respecto al origen de la aspiración de la h- el propio M. Pidal lo supuso en principio propio del vasco, que efectívamente lo conoció, si bien este rasgo ya se había perdido en extensas áreas de Álava y La Rioja en el s. XIII, en un proceso que había comenzado siglos atrás y que siguió su avance imparable hasta el punto de no quedar rastro de ella en el resto de sus dominios peninsulares en el s. XVI, conservándose sólo al N. de los Pirineos en zona francesa, tal y como expuso Luis Michelena.

Resulta pues difícil atribuir dicho fenómeno a una lengua como el vasco, en la que se había iniciado desde muy temprano su pérdida paulatina, como muestra de su propia debilidad, mientras que en el habla de Cantabria no sólo es arcaico, sino que con el paso del tiempo fue imponiéndose cada vez con más fuerza hasta llegar a nuestros días.

Esto nos permite conjeturar que la aspiración no debió ser originaria en el vasco, para la que cabe suponer dos hipótesis de trabajo:

1- Bien fue el resultado de la influencia ejercida sobre el vasco por la lengua indoeuropea dominante en el norte peninsular, desde el centro del territorio ástur (ocupado por los luggones, que compartirían dicho rasgo lingüístico con los cántabros, pero étnicamente diferenciados de éstos) hasta el solar vascongado (Vizcaya, Guipúzcoa y Álava), distinto del propio vascón (Navarra).

2- O bien es propio de la lengua indoeuropea cántabra, que traspasó sus fronteras y alcanzó territorios limítrofes tanto al E. como al O.




Extensión de la h- aspirada en Asturias.
En rojo, los concejos con mayor densidad y pervivencia de dicho fonema; en violeta, aquéllos donde se conservan rastros lingüísticos o toponímicos en la actualidad.



Posiblemente una idea muy similar a nuestra segunda propuesta fue la que hizo que Menéndez Pidal considerara finalmente que el cambio f- > h- era propio del habla cántabra, de donde pasó al primitivo castellano.

Repasando la toponimia actual de los concejos asturianos situados al O. del Sella, y sin ánimo de ser exhaustivos, encontramos testimonios más o menos aislados de la existencia y conservación de h- (aspirada) = j- (/x/) en la actualidad: Piloña (La Juente), Colunga (El Jueru, Las Juentes, etc…), Ponga (La Juente, Juente Catalina, Juente de Allá, Juente de Campo Rondón, Juente de Solosperales, La Juentona, etc...), Sobrescobio, Villaviciosa (Juentes), Laviana (Jelguera), Langreo (La Jaya), Lena (El Jervenzón, El Jitu/Fitu, El Jorcau/Forcau; La Juenti; etc…), Gijón (Joudón, con confusión entre –n- y –u-, en Madoz, s. XIX > El Fondón; El Jumeru, en Madoz, s. XIX > El Fumeru; etc...) e incluso Oviedo (La Jorana y La Juesa, atestiguados documentalmente en el s. XVIII).

A medida que nos desplazamos en dirección contraria, es decir, por los concejos asturianos orientales hacia Cantabria (Llanes, Cangas de Onís, Onís, Amieva, Cabrales, Ribadedeva y ambas Peñamelleras), los ejemplos se multiplican y su densidad aumenta notablemente: Jaces; La Jacina; Jaya; La Jaza; Jelguera; El Jou; Jondonada de las Espinas; El Jondu; La Jorcada el Cuetu; La Juente; Juracau; etc...

El mismo fenómeno y en la misma proporción que la toponimia, se halla en las hablas del E. y centro de Asturias, es decir, muy al occidente del citado río, lo que prueba que estuvo en vigor en todas estas zonas.

Al O. del mismo hidrónimo no hay duda alguna de su pervivencia y viveza; baste citar el ejemplo del habla de la parroquia llanisca de Meré, donde hallamos abundantes ejemplos de h- aspirada, que llegan a más de dos centenares: jabal "sembrado de habas"; jaya "haya" (árbol); jaedu "hayedo"; jándalu "presumido"; jartu "harto"; jila "reunión de vecinas para hilar"; jachu "hacha"; jelechu "helecho"; jerreru "herrero"; jondu "hondo"; etc...

El caso contrario, es decir, la presencia de f- en los dominios de la h- / j- entre el Sella y el Saja también se da, producto las más de las veces de testimonios arcaicos del primitivo romance, otras por cultismos, y posiblemente en algún caso por el influjo que en determinados momentos ejerció el leonés sobre las hablas occidentales cántabras, lo que ha propiciado la existencia de dobletes toponímicos (La Fabariega / La Jabariega < faba / haba = jaba "alubia"), pero con mucha menos vitalidad que a la inversa.


Para Coloma Lleal la presencia de la h- aspirada en las comarcas orientales de Asturias no es atribuible en modo alguno a un proceso de castellanización, sino que responde a una común influencia del sustrato cántabro.

De ahí que algunos autores, entre ellos Josefina Martínez Alvarez, consideren que la llamada "variedad oriental del leonés" debiera incluirse en realidad dentro del ámbito del castellano occidental, y habría que designarlo con el nombre de "romance cántabro occidental", como ya empieza a ser conocido y que, dicho sea de paso, hay que diferenciar del propiamente "cántabro", es decir, la lengua cántabra prerromana.