jueves 9 de abril de 2009

Las fronteras de la Cantabria prerromana (II). La frontera occidental (5). Lengua y toponimia en el NE. de León. La h- aspirada y el sufijo -uco/-a.


Sabemos que la frontera occidental entre cántabros y ástures que intentamos delimitar sobre el terreno englobaba también tierras del actual NE. leonés; concretamente algunos de los valles comprendidos en un triángulo entre los límites de Asturias, Cantabria y Palencia más próximos a estas tres provincias.

Y de igual manera que en el caso asturiano, también aquí hemos echado mano de la toponimia y el habla para conocer la extensión de los elementos que nos están sirviendo de base para delimitar el ámbito de influencia cántabra rastreable en lo que fue su territorio en la Edad Antigua.

El leonés es una de las hablas que conservó, y conserva, la f- inicial latina, en contraposición al castellano que usa la h- muda en la misma posición, procedente en este último del romance cántabro tal y como hemos señalado, mientras al N. de la Cordillera Cantábrica dicho fonema h- era aspirado.

Sin embargo es posible encontrar testimonios de esa h- aspirada al S. del mismo sistema montañoso, representada por el sonido j-, y en el caso concreto del sector nordoriental leonés la vemos conservada con mayor o menor número de ejemplos en la toponimia y vocabularios locales. En función de nuestros propios hallazgos y de la bibliografía consultada hemos dividido el territorio en tres subsectores:


La h- aspirada y el sufijo -uco/-a del romance occidental cántabro en el NE, leonés.


1º - El primero de ellos (de color verde oscuro en el mapa) comprendería los municipios de: Posada de Valdeón, Oseja de Sajambre, Cistierna, Crémenes y Boca de Huérgano.

En esta zona la toponimia con h- aspirada es muy abundante: Jou de Oliseda, Arroyo Jerrera, Jucabao, Joyo Redondo, Jundera, La Jerrera, El Jormigal, El Joyo los Dobros, Jurcueto, Jorrebollo, Jocerrato, Juyubil, Jumperada, Peña el Jaido, Monte de la Juntaniella, El Joyo Cimero, La Jonfría, La Jermosa, Peña el Jaido, Monte de la Juntaniella, El Joyo Cimero, La Jonfría, Campera Jollampo, Barranco del Joyo, Valdejayo, Jocerrato, etc...).

Junto a estas formas se pueden encontrar otras con h- muda del castellano (Horcada Cable, Hoyo Peloso, Hoyo Perdiz, Las Hoces, etc...), así como algunas pertenecientes al ámbito lingüístico propiamente leonés (Cabeza Llombreras, Piedras Lluengas, La Forcadona, Arroyo Fonsella, Foz de Llaete, etc…), resultado quizá de su propia situación "fronteriza" a caballo de las distintas hablas.

En el vocabulario popular hallamos voces en uso con el mismo fonema aspirado: jaya, jelecho, jorcada, juente, joraco, jambre, jumo, jierros, jelechos, Jebrero, jablar, etc...

2º - El segundo sector (de color verde claro brillante en el mapa) comprendería los municipios de Burón, Puebla de Lillo y Valderrueda, en los que la toponimia, menos abundante, aún muestra una cierta concentración de formas como: Monte de la Jeda, Jedo de las Riegas, Fuente la Jerumbrosa, Cueto Juracado, La Joya, etc...

3º - Y el tercer sector (de color verde apagado en el mapa), donde los ejemplos son más esporádicos, estaría integrado por los municipios de Acebedo, Maraña, Prioro, Riaño y Reyero, con topónimos como: Cueto Juracado, Jorrobledo, Jadiello, El Jabelo, etc...


Mapa anterior ampliado


A medida que nos alejemos hacia el occidentte u oriente de la zona que hemos delimitado, se dejarán sentir más las formas con f- conservada leonesa, en territorio ástur prerromano, o h- castellana, respectívamente, aunque ambas aparecen también en los dominios de cada una de ellas.

En cuanto a la extensión del sufijo –uco/-a lo hemos documentado no sólo en la toponimia (La Serruca, en Riaño; La Pachuca, en Valderrueda; La Serruca, en Prioro; etc...), sino que está atestiguado en algunas hablas locales (cuevuca, en B. de Huérgano; fuentuca, en Soto de Valdeón; moruca, peuca, perucos, tierruca, en Valderrueda; etc...), con especial presencia en Santa Olaja de la Varga (Cistierna), donde comparte espacio lingüístico con el propiamente leonés –ín, en dos de sus acepciones, cariñoso o despectivo (casuca, chavaluco, mujeruca, etc...), tal y como ha puesto de relieve Yolanda Gutiérrez Álvarez.

Hasta aquí los datos reunidos, que sin un análisis más detallado podrían inducir a conclusiones erróneas, porque no sirven por sí mismos para delimitar el espacio geográfico ocupado por los cántabros en época prerromana y romana, ya que lo rebasan y llegan a penetrar en zonas, que con la información que poseemos al día de hoy, nunca fueron habitados por aquéllos.