Su nombre aparece en una estela hallada en el monte Dobra, a caballo entre los municipios de Torrelavega y el valle de Buelna (Cantabria), y cuyo texto completo ha sido leido tradicionalmente en la siguiente forma:
CORNE(lius) VICANVS / AVNIGAINVM / CESTI(i) F(ilius) ARA(m) / POSSVIT DEO / ERVDINO X K(alend)IS / AVGV(sti) MA(llio) EV(tropio) CO(n)S(ulibus).
"Cornelio, de la aldea de los aunigainos, hijo de Cestio, puso el ara al dios Erudino, el día 10 de las kalendas de agosto (23 de julio), siendo cónsules Mallio y Eutropio."
Según esto y basándose en el consulado de Mallio y Eutropio, la fecha de erección del epígrafe habría que situarla el día 23 de julio del año 399 d.C. (s. IV d. C.).
Sin embargo, J. M. Iglesias Gil y Alicia Ruiz (1), han realizado una nueva interpretación del texto y corrección de la citada fecha, basándose entre otros aspectos en la dificultad de realizar prácticas paganas de origen indígena con posterioridad a la promulgación del Edicto de Tesalónica en el año 380, que castigaba con sanciones a quienes infrinjieran la ley, así como en la nomenclatura del dedicante, ciertas fórmulas epigráficas, el emparejamiento de dos cónsules de distintos puntos del Imperio (uno de Occidente, Flauius Mallius Theodorus, y otro de Oriente, Eutropius), el orden en que son citados, y los distintos nexos que aparecen en algunas letras.
En su opinión, el primero de los cónsules debe ser leido según la abreviatura MA e interpretado como M. Aurelius Antoninus Augustus III, mientras para el segundo existe la posibilidad de interpretarlo tanto EV como VE, proponiendo interpretarlo como L. Aurelius Verus Augustus II.
Todo ello lleva a los mencionados autores a proponer la lectura:
CORNE(lius) VICANVS / AVNIGAINVM / FESTI F(ilius) ARA(m) / POS{S}VIT DEO / ERVDINO X K(alend)IS / AVGV(stis) M(arco) A(ntonino) VE(ro) CO(n)S(ulibus)
"Cornelio Vicano, de los aunigainos, hijo de Festo, puso este ara al dios Erudino, en el día 10 de las kalendas de agosto (23 de julio), siendo cónsules M(arco) A(ntonino) y Ve(ro)."
Esto significa que Vicanus representaría el cognomen de Cornelius y la fecha completa de colocación del ara sería el 23 de Julio del año 161 d. C.

En cuanto a la etimología del teónimo no es fácil por cuanto no existen paralelos que nos permitan su comparación.
A. Tovar ha trató de explicarlo mediante la raíz céltica *rud- que aparece en Rudianus (documentado en inscripciones de la Galia Narbonense, como antepasado mítico y dios de la muerte, cuyo símbolo es un caballo celeste, lo que le confiere simultáneamente el carácter de divinidad solar y dios de la guerra), Rudiobus, Rutio, etc..., y a la cual se antepondría una posible e- protética, debida a una influencia vasca.
La posibilidad de dicha e- protética no puede atribuirse al vascuence teniendo en cuenta dos cosas: la primera, que los cántabros no eran vecinos de los vascones ni estaban en contacto con éstos, sino que lindaban con pueblos de filiación celta o indoeuropea (caristios, autrigones, turmogos, vacceos, luggones, y si hemos de hacer caso a las fuentes antíguas, berones); y la segunda está relacionada con el lugar del hallazgo de la lápida, situado en pleno corazón de la Cantabria original, donde ni la toponimia antígua ni la actual conservan rastros de vocablo vasco alguno, y sí por contra indoeuropeos o pre-indoeuropeos, lo cual ya fué advertido por A. Tovar en los últimos tiempos.
Dentro de la P. Ibérica aparece la forma incompleta Erud... en una inscripción de los galaicos lucenses (Lugo) que presenta una gran similitud con el testimonio cántabro y que viene a descartar totalmente la hipótesis de la mencionada e- protética de ascendencia vasca.
Por otro lado, la solución de una vocal protética, es decir, una vocal añadida en inicial de palabra a una raíz que no la posee, no es exclusiva del vascuence, ya que está documentada en otras lenguas, y dentro de la familia lingüística ide., a la que pertenece la lengua de los cántabros, la encontramos en el griego, hetita, armenio y albanés, delante de las consonantes: r, l, m, n, w.
Donato Reigadas (2) ha propuesto emparentar el nombre de esta divinidad con el vocablo vasco irudi "imagen, visión", del que Erudino sería el resultado final de una indoeuropeización con el significado de "el que habita en un lugar llamado Erud", interpretación que respetamos pero nos parece bastante forzada y a la que se oponen las razones ya mencionadas sobre su posible ascendencia vasca.
En nuestra opinión (3) pueden proponerse dos soluciones para interpretar el nombre de Erudino:
- Derivarlo de la raíz indoeuropea *reudh- / *rudh- / *rudhro- "rojo", bien documentada en las lenguas del mismo tronco: skr. rudhirá-; lat. ruber, rubeus, rufus; lit. raudas; a. esl. rudu, rudru; ruso rysyj; germ. común * rauðaz > gót. rauda-, a.a.a. rot, ags. reod, a. nórd. rauðr; a. celt. roudo-s > irl. med. rúad, irl. ruadh, a. galés rhudd; y con prótesis vocálica, el gr. e-rithrós.
Ello nos permitiría relacionar el nombre de este divinidad con el de Mars Rudianus, con lo que Erudino podría ser un dios de la guerra; quizá el mismo del que Estrabón dijo que los cántabros le ofrecían en sacrificio machos cabríos, caballos e incluso prisioneros, y que más tarde fué asimilado a la divinidad latina Marte.
- El mismo nombre también puede proceder de la raíz asimismo ide. *er- / *or- / *r- "hablar", "llamar", que provista del alargamiento -d- forma la base del vocablo *reud- "gritar", bien representado en las hablas de la misma familia: gr. erotáo, ereunáo, éramai (con prótesis vocálica); lat. rudo "aullar"; het. aruwai- "orar"; a.a.a. ruod "aullido"; lit. ráudmi, raudoti "quejarse", "lamentarse"; skr. róditi, rudáti "gemir", rud- "llorar".
El sufijo -ino, constatado en diversos nombres cántabros (Anino, Cantabrino, etc...), suele tener ocasionalmente valor patronímico en la onomástica personal.
En este último caso y de ser correcta la etimología, Erudino equivaldría a: "aquel a quien se invoca o se suplica".
Notas bibliográficas:
(1) Iglesias Gil, José Manuel y Ruiz, Alicia. Epigrafía Romana de Cantabria. Petrae Hispaniarum, nº 2. Santander-Bordeaux, pp. 64-68.
(2) Reigadas Velarde, Donato. Algunos apuntes interpretativos sobre el ara del monte Dobra. Rev. Altamira, tomo L, Santander 1992-93, pp. 7-12.
(3) Maroñas García, Jesús J. Onomástica de Cantabria. Los nombres cántabros de persona. Santander, 1999, pp. 138-141.
(4) González Echegaray, Joaquín. Los cántabros. Santander, 1986, pág. 99.






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