martes 14 de abril de 2009

Las fronteras de la Cantabria prerromana (II). La frontera occidental (8). Trazado geográfico y final.

Hemos delimitado el área de expansión e influencia del romance cántabro occidental fuera de los límites de la actual Cantabria por tierras asturianas y leonesas. Sin embargo, nos restaba intentar trazar sobre el mapa la posible frontera occidental en época prerromana y romana, y saber si guarda alguna relación con la zona de influencia de dicho romance en base a los elementos tomados como referencia: la h- aspirada y el sufijo –uco(u)/-a.

En esta ocasión hemos prescindido de la bibliografía existente que se ha ocupado del tema para dar nuestro punto de vista personal, y que cada cual pueda comparar después nuestros resultados con los expuestos en otros trabajos.

Para ello mostramos una serie de mapas en los que, por tramos, hemos ido situando los posibles "mojones" que hemos localizado gracias a la toponimia, con una breve explicación de cada uno de ellos, tomando como punto de partida el accidente geográfico que nos han transmitido las fuentes antiguas:

La desembocadura del río Sella. A partir de ella hallamos el primer topónimo que nos marca una linde:

Los Cofiños (< confiniu "límite, confín"), situado al NE. de Bones (Ribadesella), y que no marca ninguna separación entre actuales concejos asturianos. Desde aquí, la linde se dirigiría hacia la:

Sierra del Fito (= cast. hito "mojón, estaca o piedra clavada en el suelo que sirve como mojón", de un ant. fictu y éste del lat. fixum), que sirve de divisoria a los concejos de Ribadesella y Caravia. Al pie de su ladera E. se halla el pueblo de Cofiño, en el concejo de Parres y de idéntica etimología que el mencionado Los Cofiños.

Desde la Sª del Fito, la divisoria seguiría el relieve de la Sierra del Sueve (compartida por los concejos de Ribadesella, Parres, Colunga, Caravia y Piloña) en dirección NE. – SO. hasta alcanzar el barrio de:



Cantollendero (canto "roca" + llendero = cast. lindero), situado al SO. de Borines (Piloña), desde donde continuaría aún más hacia el S. hasta el llamado:

Cerro Sopiedra o la Muda: La voz "muda" es el resultado del cambio por etimología popular del original "muga", voz presente en catalán, ant. aragonés , bearnés y leonés con el significado de "mojón, término, límite" y que hemos encontrado repetido varias veces por tierras asturianas.
Desde aquí el trazado proseguiría ligeramente hacia el SO. para girar en dirección SE., siguiendo la línea de cumbres hasta el:

Collado de Piedrafita (= cast. Piedrahita) ó Incós: topónimo sito al E. de Bueres y de Orlé (Caso), que nos vuelve a indicar un nuevo mojón divisorio, y que encuentra su continuación hacia el S. en el:

Pico el Fito Muries: sito al S. de La Foz y de Pendones (Caso), en la orilla izquierda del río Nalón en su curso superior.




A partir de aquí la raya se hace más imprecisa pero parece lógico suponer que continuaría por las crestas de la Sierra Fuentes y la Sierra de Pries (Caso) para girar hacia el S. y saltar la divisoria de las provincias de Asturias y León hacia el Pico del Páramo para, ya en tierras leonesas, seguir por los Picos de San Justo, Runción y La Granda (Puebla de Lillo), a cuyos pies y al E. hallamos el pueblo de:

Cofiñal (< co(n)finialis, en Puebla de Lillo), homólogo de los Cofiños asturianos ya citados, y que nos indica que en sus inmediaciones se hallaba la divisoria entre cántabros y ástures.

Continuando hacia el S. dicha frontera, y dejando al E. la localidad de Puebla de Lillo, llegaría hasta el Pico Socellerón y la Peña Forcada, junto al embalse del río Porma, prosiguiendo por el Pico de los Álamos, Peña Corbero y Pico Muelas, dejando al E. Boñar y al O. el valle de Valdepiélago, aunque cabe también la posibilidad de que desde el citado Pico de los Álamos la línea continuase por las cumbres situadas al E. de Boñar, con lo que esta localidad quedaría fuera de territorio cántabro o en la misma raya fronteriza.






Pasado Boñar, al S. de ésta, giraría hacia el E. a la altura de San Adrián y avanzar por Peña Tensona y las cumbres que en sentido O. - E. se extienden al S. de la localidad de Sabero hasta Cistierna, formando a partir de aquí la divisoria entre cántabros, ástures y vacceos.



Los "mojones" toponímicos mencionados coinciden en su mayor parte con líneas de cumbres, algunas de las cuales siguen ejerciendo la función de hitos para delimitar términos municipales; de ahí que ya desde la primera entrada mostrásemos nuestras reticencias a creer que el río Sella haya sido la frontera entre ástures (o luggones más correctamente) y cántabros como dicen los autores e historiadores de la antigüedad, salvo su desembocadura o sus inmediaciones, que sí parece haber cumplido esa función, como tampoco creemos que pueda ser considerado una verdadera frontera lingüística más que de forma aproximada.

Por último basta comparar los resultados aquí obtenidos con los ya publicados anteriormente sobre la extensión y mayor o menor intensidad de la h- aspirada y el sufijo –uco(u)/-a en ambas provincias (Asturias y León) para ver que podrían superponerse los mapas y que hay una estrecha relación entre los hitos hallados en la toponimia con los elementos lingüísticos reseñados.


Frontera entre cántabros y ástures (luggones) según la toponimia.


Frontera entre cántabros y ástures augustanos según la toponimia.


Un estudio mucho más detallado podría precisar mejor la línea fronteriza entre cántabros y ástures e incluso, modificarla; por tanto lo aquí expuesto ha de considerarse una pequeña contribución a ello.

sábado 11 de abril de 2009

Las fronteras de la Cantabria prerromana (II). La frontera occidental (7). Lengua y toponimia en el NE. de León. Conclusiones.

Las conclusiones sobre la extensión del fonema h- aspirado y el sufijo –uco(u)/-a en el sector nordoriental leonés son básicamente parecidas a las presentadas para el territorio asturiano, aunque difieren en alguna medida por lo que se hace necesario presentar alguna explicación.

Aclaremos antes de nada que vamos a referirnos a un territorio que en la época prerromana y romana estaba habitado por los vadinienses, la facción más occidental y arcaizante de los cántabros, asentados a ambos lados de la Cordillera Cantábrica, vecinos a su vez de los orgenomescos.

Ambas tribus cántabras, los orgenomescos y los vadinienses establecidos entre la cordillera y el mar, lindaban por el O. con los luggones; mientras al S. del macizo montañoso los vadinienses meridionales tenían como vecinos por el O. a los ástures propiamente dichos, los llamados augustanos o cismontanos.

Localización aproximada de orgenomescos, vadinienses, luggones y ástures.


a) Analizando el área de extensión de la h- aspirada en tierras leonesas posiblemente estemos ante la confirmación de la hipótesis que en la entrada anterior expusimos sobre la posible afinidad lingüística entre cántabros y luggones, ya que estos dos últimos parecen haber compartido el rasgo aspirado, mientras que en la frontera entre cántabros y ástures augustanos, se da una situación diferente:

1a - los ejemplos de h- inicial aspirada aparecen en territorio exclusivamente cántabro, aunque fuertemente influenciado por el castellano con presencia de la h- muda tanto en las hablas como en la toponimia.

2a - la f- lo hace en el territorio ástur, posteriormente del dominio lingüístico leonés.

Eso significaría que ástures y luggones, si bien hablarían lenguas indoeuropeas con un sustrato común, poseían rasgos diferenciales entre ellas que, nos llevan a pensar en dos subgrupos, el ástur-pésico y el cántabro-luggón. El tema requiere una investigación cuidadosa más allá de los datos que hemos manejado y los que nos han legado geógrafos e historiadores antiguos.

b) El sufijo –uco(u)/-a por su parte, aparece restringido también al mismo área, en algunos casos compartiendo espacio con el –ín leonés y asturiano, y formando una "zona de transición" entre ambos, fuertemente marcada por ser espacio fronterizo de los antiguos reinos de León y Castilla.

Bibliografía:

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Segundas adiciones al vocabulario de la parroquia de Meré (Llanes). BIDEA 87 (1976)
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Terceras adiciones al vocabulario de la parroquia de Meré (LLanes). BIDEA 96-97 (1979) 223-235.
Bobes Naves, Mª C.
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Toponimia de Remolina. Tierras de León 91-92. León 1993.
Toponimia de la villa de Sabero. Tierras de León 102. León 1997.
Toponimia de la villa de Prioro. Tierras de León 107-8. León 1999.
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Características del habla de Santa Olaja de la Varga.
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Mapas escala 1:25000
Lapesa, Rafael.
Historia de la lengua española.
Lleal, Coloma.
La formación de las lenguas romances peninsulares.
Martínez Álvarez, Josefina.
El español de los territorios del noroeste.
Menéndez Pidal, Ramón.
Orígenes del Español.
Sordo Sotres, Ramón.
Notas gramaticales y toponimia no latina en Asturias, Cantabria, León y Palencia.
Vocabulario llanisco.

Las fronteras de la Cantabria prerromana (II). La frontera occidental (6). Lengua y toponimia en Asturias. Conclusiones.


Dos de los problemas más grandes a los que se enfrentan los filólogos son sin duda establecer la cronología (o momento de aparición) de los distintos cambios que se dan en las hablas, y la delimitación del área geográfica por el que se extienden o lo hicieron en el pasado.

Esto último se suele representar en un mapa mediante las llamadas "isoglosas", que son líneas imaginarias que unen todos los puntos en que se da un mismo fenómeno, englobando éste dentro de un área delimitada por aquéllas; pero también sirven para separar los rasgos diferenciales de las hablas en contacto.

Sin embargo las isoglosas no pueden ser tomadas como verdaderas fronteras lingüísticas, porque no existen como tales; se trata sólo de aproximaciones sobre el terreno, ya que los hablantes no las reconocen y se mueven libremente, actuando de transmisores y receptores a la vez, por lo que siempre encontraremos rasgos diferenciales opuestos a uno y otro lado de dichas líneas, en lo que se considera una "zona de transición", y para ello siempre se ha de recurrir tanto al lenguaje hablado como a la toponimia, ya que esta última conserva mejor la información por haber sufrido menos “desgaste”.

De ahí la reflexión de Coloma Lleal, quien advierte que “intentar trazar una frontera para una lengua, sin la realización previa de un minucioso trabajo de campo, es tarea quimérica y absurda. Podemos, pues, intentar esquematizar los rasgos más destacados de una zona, siempre que tengamos presente la existencia de un área de transición, más o menos amplia, entre dos zonas, definida como un haz de isoglosas, de fronteras diversas que no coinciden para el conjunto de los datos”.

Teniendo en cuenta lo dicho y advirtiendo que quien esto escribe no es filólogo, y que las conclusiones que voy a exponer son el fruto de una recogida no exhaustiva de materiales, aunque sí más de la que he visto en alguna de las obras consultadas, bueno sería que en algún momento se realizasen estudios sobre la incidencia real del romance cántabro más allá de las fronteras establecidas desde hace décadas, así como las influencias recibidas por el mismo, pero por filólogos doctos en la materia y desprovistos de cualquier intencionalidad que no sea la puramente investigadora y divulgativa. La invitación queda en pie.



Cántabros y ástures según N. Santos Yanguas.


En nuestra opinión, al analizar los datos presentados en las entradas anteriores observamos lo siguiente:

a) La h-aspirada parece ser un fonema autóctono cántabro, y no vasco como se ha sostenido hasta el presente desde algunas instancias, cuya aparición sería coincidente con el nacimiento de las lenguas romances descendientes del latín, en la P. Ibérica.

Dicho fonema se extiende sobre todo en la toponimia hasta el centro de Asturias, en tierras que en época prerromana estuvieron ocupadas por los luggones, y sobrepasando por el O. ampliamente el curso del río Sella, tomado como frontera lingüística "oficial" entre cántabros y ástures.

Podríamos admitir que algunos de los concejos asturianos situados a occidente del citado río en la zona más próxima a éste, fueran considerados una "zona de transición" entre la f- predominante al O. y la h- aspirada cántabra al E. Pero sus huellas aparecen diseminadas por la mayor parte del territorio luggón, de N. a S. con su punto más alejado hacia el O. en el concejo de Salas según nuestros datos. Ello nos permite plantear tres hipótesis:

1a - El fonema prerromano propio de la lengua cántabra, que luego cristalizó en la h- aspirada romance, pudo haberse extendido hasta tierras de los luggones.

2a - Los luggones eran en realidad un pueblo cántabro considerados parte integrante de los ástures por error, lo que podría explicar el texto del fragmento de inscripción ASTVRV . ET / LUGGONV, aparecido en la zona oriental asturiana, donde ambos nombres étnicos aparecen mencionados al mismo nivel. La brevedad del propio texto no permite afirmar ni desmentir esta hipótesis ni la contaria.

3a - Los luggones eran un pueblo étnicamente diferente a los cántabros, pero linguísticamente afín, que hablarían lenguas indoeuropeas muy similares, y al igual que los segundos no pronunciarían la f- latina, aunque a partir de un momento indeterminado, f- y h- aspirada convivieron en la zona de transición coincidente con el territorio luggón hasta las inmediaciones del Sella e incluso sobrepasando éste hacia el oriente, donde también existe una zona de transición, pero muy estrecha, ya que la h- aspirada es abrumadoramente mayoritaria de N. a S. desde Ribadesella hasta el río Deva, y muchos de los casos de conservación de f- son debidos a la fase inicial del romance.

La primera y tercera hipótesis tienen más posibilidades de credibilidad que la segunda, mucho más improbable por la falta de datos que la apoyen de momento, pero no descartable del todo.



Lápida de los ástures y luggones.


b) Por lo que respecta al sufijo diminutivo –uco(u)/-a, los resultados son muy similares, aunque difieren en lo que a su extensión se refiere, ya que los testimonios más lejanos los hemos hallado en los concejos de Cudillero por la costa, el de Salas en el centro de la región asturiana, y el de Cangas del Narcea en las estribaciones montañosas e inmediaciones del territorio galaico prerromano.

Este hecho exige una explicación más allá de la similitud lingüística entre cántabros y luggones, ya que llega a territorio de los pésicos, en lo que podría ser un rasgo compartido por algunos pueblos prerromanos del N. peninsular ubicados entre la Cordillera Cantábrica y el mar Cantábrico, y que como veremos más adelante, aunque salva la frontera orográfica hacia el S. lo hace para extenderse por territorios exclusivamente cántabros.

jueves 9 de abril de 2009

Las fronteras de la Cantabria prerromana (II). La frontera occidental (5). Lengua y toponimia en el NE. de León. La h- aspirada y el sufijo -uco/-a.


Sabemos que la frontera occidental entre cántabros y ástures que intentamos delimitar sobre el terreno englobaba también tierras del actual NE. leonés; concretamente algunos de los valles comprendidos en un triángulo entre los límites de Asturias, Cantabria y Palencia más próximos a estas tres provincias.

Y de igual manera que en el caso asturiano, también aquí hemos echado mano de la toponimia y el habla para conocer la extensión de los elementos que nos están sirviendo de base para delimitar el ámbito de influencia cántabra rastreable en lo que fue su territorio en la Edad Antigua.

El leonés es una de las hablas que conservó, y conserva, la f- inicial latina, en contraposición al castellano que usa la h- muda en la misma posición, procedente en este último del romance cántabro tal y como hemos señalado, mientras al N. de la Cordillera Cantábrica dicho fonema h- era aspirado.

Sin embargo es posible encontrar testimonios de esa h- aspirada al S. del mismo sistema montañoso, representada por el sonido j-, y en el caso concreto del sector nordoriental leonés la vemos conservada con mayor o menor número de ejemplos en la toponimia y vocabularios locales. En función de nuestros propios hallazgos y de la bibliografía consultada hemos dividido el territorio en tres subsectores:


La h- aspirada y el sufijo -uco/-a del romance occidental cántabro en el NE, leonés.


1º - El primero de ellos (de color verde oscuro en el mapa) comprendería los municipios de: Posada de Valdeón, Oseja de Sajambre, Cistierna, Crémenes y Boca de Huérgano.

En esta zona la toponimia con h- aspirada es muy abundante: Jou de Oliseda, Arroyo Jerrera, Jucabao, Joyo Redondo, Jundera, La Jerrera, El Jormigal, El Joyo los Dobros, Jurcueto, Jorrebollo, Jocerrato, Juyubil, Jumperada, Peña el Jaido, Monte de la Juntaniella, El Joyo Cimero, La Jonfría, La Jermosa, Peña el Jaido, Monte de la Juntaniella, El Joyo Cimero, La Jonfría, Campera Jollampo, Barranco del Joyo, Valdejayo, Jocerrato, etc...).

Junto a estas formas se pueden encontrar otras con h- muda del castellano (Horcada Cable, Hoyo Peloso, Hoyo Perdiz, Las Hoces, etc...), así como algunas pertenecientes al ámbito lingüístico propiamente leonés (Cabeza Llombreras, Piedras Lluengas, La Forcadona, Arroyo Fonsella, Foz de Llaete, etc…), resultado quizá de su propia situación "fronteriza" a caballo de las distintas hablas.

En el vocabulario popular hallamos voces en uso con el mismo fonema aspirado: jaya, jelecho, jorcada, juente, joraco, jambre, jumo, jierros, jelechos, Jebrero, jablar, etc...

2º - El segundo sector (de color verde claro brillante en el mapa) comprendería los municipios de Burón, Puebla de Lillo y Valderrueda, en los que la toponimia, menos abundante, aún muestra una cierta concentración de formas como: Monte de la Jeda, Jedo de las Riegas, Fuente la Jerumbrosa, Cueto Juracado, La Joya, etc...

3º - Y el tercer sector (de color verde apagado en el mapa), donde los ejemplos son más esporádicos, estaría integrado por los municipios de Acebedo, Maraña, Prioro, Riaño y Reyero, con topónimos como: Cueto Juracado, Jorrobledo, Jadiello, El Jabelo, etc...


Mapa anterior ampliado


A medida que nos alejemos hacia el occidentte u oriente de la zona que hemos delimitado, se dejarán sentir más las formas con f- conservada leonesa, en territorio ástur prerromano, o h- castellana, respectívamente, aunque ambas aparecen también en los dominios de cada una de ellas.

En cuanto a la extensión del sufijo –uco/-a lo hemos documentado no sólo en la toponimia (La Serruca, en Riaño; La Pachuca, en Valderrueda; La Serruca, en Prioro; etc...), sino que está atestiguado en algunas hablas locales (cuevuca, en B. de Huérgano; fuentuca, en Soto de Valdeón; moruca, peuca, perucos, tierruca, en Valderrueda; etc...), con especial presencia en Santa Olaja de la Varga (Cistierna), donde comparte espacio lingüístico con el propiamente leonés –ín, en dos de sus acepciones, cariñoso o despectivo (casuca, chavaluco, mujeruca, etc...), tal y como ha puesto de relieve Yolanda Gutiérrez Álvarez.

Hasta aquí los datos reunidos, que sin un análisis más detallado podrían inducir a conclusiones erróneas, porque no sirven por sí mismos para delimitar el espacio geográfico ocupado por los cántabros en época prerromana y romana, ya que lo rebasan y llegan a penetrar en zonas, que con la información que poseemos al día de hoy, nunca fueron habitados por aquéllos.

sábado 4 de abril de 2009

Las fronteras de la Cantabria prerromana (II). La frontera occidental (4). Lengua y toponimia en Asturias (2). El sufijo -uco/-a.

Dentro de las distintas regiones españolas hay sufijos que son característicos de unas u otras o de un conjunto de ellas, y refiriéndonos en concreto a uno de los que poseen valor diminutivo en sus diferentes variantes nos encontramos, de una forma más o menos genérica, con el gallego –iño/-a, los leoneses –in/-o/-a (extendidos por Asturias y Extremadura), el castellano –ito/-a, el andaluz –illo/-a (-iyo/-a), los manchegos –ejo/-a y -ete, y el murciano, navarro y aragonés –ico/-a (frecuente también en el castellano del Siglo de Oro).

En el caso de Cantabria ese mismo espacio lo ocupa el característico –uco/-a, que se extiende hacia tierras vecinas, aunque aparte del valor ya comentado posee también los de carácter afectivo o despectivo (según el contexto).

Dicho sufijo fue estudiado por M. Pidal quien lo supuso ibérico, y sigue sin saberse a ciencia cierta su procedencia real, aunque es posible que sea de origen prerromano.

Su ámbito se extiende casi por los mismos dominios de la h- aspirada, es decir, que rebasa los límites territoriales de la Cantabria prerromana, y en el caso concreto del confín occidental de los cántabros en territorio actualmente asturiano, lo vemos internarse hasta los concejos de Salas y Cudillero en la toponimia y el de Cangas del Narcea en el vocabulario.

Comoquiera que en principio hemos tomado el río Sella como frontera lingüística y toponímica entre cántabros y ástures tal y como han hecho algunos autores, a él nos ceñiremos para poder comparar los resultados con los del fonema aspirado, de los que como veremos, apenas difiere en lo fundamental.

Tampoco hemos realizado una recogida exhaustiva de vocabulario y topónimos con el sufijo –uco/-a (-ucu, con cierre de la vocal final) en Asturias, aunque nos parece que sí lo suficientemente representativo como para dejar constancia de su antigua extensión y la zona de mayor pervivencia en la actualidad.

Revisada la toponimia de los concejos asturianos sitos al O. del Sella, y contrariamente a lo que pudiera pensarse y sostienen algunos autores, no es difícil rastrear y encontrar nombres, sobre todo de parajes, con el mencionado sufijo:

Bímenes (Texuca, La Brañuca); S. Martín del Rey Aurelio (Cabañuco, La Casuca, La Pezuca, La Pezuca los Pimientos, Les Casuques, La Minuca, La Yanuca, Fuente la Yanuca, Llosa la Casuca, El Prau Texuca, La Reguelta la Casuca); Parres (La Cuenyuca); Langreo (La Texuca, Texucu, La Casuca); Mieres (La Casuca, La Flechuca); Ribera (La Casuca); Quirós (La Pachuca); Candamo (Las Parrucas, La Serruca); Siero (Piñuco, La Paxaruca, Les Casuques, La Brañuca); Villaviciosa (La Casuca, La Fuentuca); Colunga (La Texuca); Sariego (La Fayuca); Piloña (La Casuca); Gijón (El Hombrucu, Talameruca, Les Matuques); Corvera (La Peluca); Llanera (Arroyo de La Peluca); Las Regueras (Las Casucas); Grado (La Casuca, La Falluca, El Bravuco); Riosa (Terruca); Pola de Lena (Terruca); Nava (La Veguca, La Cabañuca, La Ventuca); Pola de Laviana (Bayuca); Aller (La Terruca, La Canguca, Panducu, La Penuca, El Praucu, La Granduca); Oviedo (El Mayuco, La Pachuca, Canaluca); Salas (Pedrucas, Brañuca, Benuco, La Campuca); y Cudillero (La Terruca).

Todos ellos son ejemplos más que suficientes como para constatar la presencia durante un periodo indeterminado de dicho sufijo en tierras que en época prerromana están ocupadas fundamentalmente por los luggones, quienes parecen compartir también este rasgo lingüístico con los cántabros.

Hay que hacer notar que alguno de los ejemplos expuestos muestran rasgos más propios del ámbito hablado asturiano en su modalidad central (Les Casuques, en Siero y en S. Martín del R. Aurelio; y Les Matuques, en Gijón), con la característica terminación del plural –es por –as, pero donde el sufijo cántabro es perfectamente reconocible.

Al E. del Sella, uco/-a son endémicos con abundantes ejemplos en todos los concejos, destacando la alta proporción de los hallados en Amieva y Llanes sobre todo, pero con nombres que se repiten con mayor o menor asiduidad en todos los demás, desde Ribadesella hasta Ribadedeva y las Peñamelleras: La Xerruca Llodín, La Xerruca, Los Praducos, Les Sierruques, La Sierruca, La Texuca, Las Casucas, La Canaluca, El Seduco, La Teyeruca, La Barcinuca, La Campuca, El Picu la Peñuca, Ardinuca, La Cabañuca, El Mazucu, la Cuesta el Praducu, El Llanucu, Los Nozalucos, La Veúca (con caída de la –g- intervocálica), El Farrucu, etc...

Como en el caso anterior, hallamos formas ya influenciadas por el habla asturiana (Les Sierruques, en Amieva; y La Teyeruca, en Llanes), pero apenas pueden considerarse testimoniales en comparación con el número de ejemplos contrarios, es decir, los propios del sustrato cántabro.



Extensión del sufijo -uco/-a en Asturias

La intensidad del color se corresponde con la proporción de hallazgos; en azul oscuro los concejos donde se ha constatado su mayor uso, y en claro los que conservan restos de él en el habla o la toponimia.

En el ámbito lingüístico sucede algo parecido, puesto que al E. del citado hidrónimo o en aquellos concejos por los que atraviesa, localizamos vocablos vivos en sus hablas: Ponga (misuca), Amieva (cuevuques, maluca, nombrucos, becerruca, cuadraduca, fuentuca, rapazuca/-u, cuetucu, praderiuca, ...), Parres (cabañuca), Llanes (cabañuca/-o, mochuelucos, zurronucu, jogucos, chiquitucu, pra(d)uca, mujeruca, ...), etc...

Y al igual que en la toponimia, también se dan voces que conservan el sufijo al O. de la misma frontera fluvial: Colunga (cabañuca, pumarucos), Piloña (fayuques, roinuques, caminucu, caneyucu, saluca, sentaucu, arbolucu, calizuca, ...); Caso (zurronzucu, bailuco); Villaviciosa (rieguca, pueblucu); Salas (carreteruca, praducos); Cangas del Narcea (brañuca, fiestuca); etc...

Observando el mapa elaborado podemos distinguir dos áreas que muestran la distribución y frecuencia del sufijo –uco/-a en territorio asturiano, siendo los concejos orientales quienes más han retenido su uso, mientras su huella se debilita cuanto más avancemos hacia el O. sobre dicho terreno, con tres concejos que presentan, en base a nuestros hallazgos, una incidencia media en comparación con el resto (los de Piloña, S. Martín del Rey Aurelio y Aller).

miércoles 1 de abril de 2009

Las fronteras de la Cantabria prerromana (II). La frontera occidental (3). Lengua y toponimia en Asturias (1). La h- aspirada.


Tradicionalmente tanto filólogos como historiadores han venido situando la frontera lingüística entre Asturias y Cantabria en el río Sella (Menéndez Pidal, Sánchez Albornoz, etc...), aunque de forma más reciente en el tiempo José B. Arduengo llevó dicha divisoria hasta el río Ponga, al apreciar que en su cuenca los habitantes de la margen derecha hacen uso de la h- aspirada, mientras en la izquierda es sustituida por la f- en posición inicial de palabra.

Sobre el origen y mantenimiento de este fonema f- o su cambio en h- han sido muchos también los autores que se han ocupado de ello, con muy diversas opiniones al respecto. El tema fue tratado con amplitud por M. Pidal, quien llegó a la conclusión de que en los tiempos primitivos de la P. Ibérica ésta se dividía en dos porciones muy desiguales: la mayor parte aprendió correctamente la f- latina (León, Portugal, Toledo, Aragón, Cataluña, etc...); y la otra porción, mucho más exígua, la rechazó y en el ámbito popular la sustituyó por la h-, sonido familiar en su lengua indígena, lo que sucedió en la Cantabria antigua y sus inmediaciones (fenómeno también observado en el N. de Italia, Calabria y Cerdeña oriental), extendiéndose con mucha menos intensidad hacia la zona aragonesa, mientras al otro lado de los Pirineos se da en el gascón.

El citado cambio f- > h- aparece documentado desde el s. IX, pero parece que su génesis habría que retrotraerla algunos siglos atrás, hasta los orígenes románicos. Desde Cantabria pasó al incipiente castellano en su forma muda, propagándose de N. a S. en la península, mientras en la zona de influencia del leonés triunfó la f- debido al apoyo recibido desde la corte leonesa. Dentro de la Cantabria nuclear dicha h- inicial era un sonido aspirado y como tal se conservó al N. de la Cordillera Cantábrica fundamentalmente, debido al secular aislamiento de las gentes asentadas entre ella y el mar, reflejado no sólo en el habla, sino también en la toponimia donde aparece escrito con j-, por equivalencia fonética con la /x/ velar del castellano.

Respecto al origen de la aspiración de la h- el propio M. Pidal lo supuso en principio propio del vasco, que efectívamente lo conoció, si bien este rasgo ya se había perdido en extensas áreas de Álava y La Rioja en el s. XIII, en un proceso que había comenzado siglos atrás y que siguió su avance imparable hasta el punto de no quedar rastro de ella en el resto de sus dominios peninsulares en el s. XVI, conservándose sólo al N. de los Pirineos en zona francesa, tal y como expuso Luis Michelena.

Resulta pues difícil atribuir dicho fenómeno a una lengua como el vasco, en la que se había iniciado desde muy temprano su pérdida paulatina, como muestra de su propia debilidad, mientras que en el habla de Cantabria no sólo es arcaico, sino que con el paso del tiempo fue imponiéndose cada vez con más fuerza hasta llegar a nuestros días.

Esto nos permite conjeturar que la aspiración no debió ser originaria en el vasco, para la que cabe suponer dos hipótesis de trabajo:

1- Bien fue el resultado de la influencia ejercida sobre el vasco por la lengua indoeuropea dominante en el norte peninsular, desde el centro del territorio ástur (ocupado por los luggones, que compartirían dicho rasgo lingüístico con los cántabros, pero étnicamente diferenciados de éstos) hasta el solar vascongado (Vizcaya, Guipúzcoa y Álava), distinto del propio vascón (Navarra).

2- O bien es propio de la lengua indoeuropea cántabra, que traspasó sus fronteras y alcanzó territorios limítrofes tanto al E. como al O.




Extensión de la h- aspirada en Asturias.
En rojo, los concejos con mayor densidad y pervivencia de dicho fonema; en violeta, aquéllos donde se conservan rastros lingüísticos o toponímicos en la actualidad.



Posiblemente una idea muy similar a nuestra segunda propuesta fue la que hizo que Menéndez Pidal considerara finalmente que el cambio f- > h- era propio del habla cántabra, de donde pasó al primitivo castellano.

Repasando la toponimia actual de los concejos asturianos situados al O. del Sella, y sin ánimo de ser exhaustivos, encontramos testimonios más o menos aislados de la existencia y conservación de h- (aspirada) = j- (/x/) en la actualidad: Piloña (La Juente), Colunga (El Jueru, Las Juentes, etc…), Ponga (La Juente, Juente Catalina, Juente de Allá, Juente de Campo Rondón, Juente de Solosperales, La Juentona, etc...), Sobrescobio, Villaviciosa (Juentes), Laviana (Jelguera), Langreo (La Jaya), Lena (El Jervenzón, El Jitu/Fitu, El Jorcau/Forcau; La Juenti; etc…), Gijón (Joudón, con confusión entre –n- y –u-, en Madoz, s. XIX > El Fondón; El Jumeru, en Madoz, s. XIX > El Fumeru; etc...) e incluso Oviedo (La Jorana y La Juesa, atestiguados documentalmente en el s. XVIII).

A medida que nos desplazamos en dirección contraria, es decir, por los concejos asturianos orientales hacia Cantabria (Llanes, Cangas de Onís, Onís, Amieva, Cabrales, Ribadedeva y ambas Peñamelleras), los ejemplos se multiplican y su densidad aumenta notablemente: Jaces; La Jacina; Jaya; La Jaza; Jelguera; El Jou; Jondonada de las Espinas; El Jondu; La Jorcada el Cuetu; La Juente; Juracau; etc...

El mismo fenómeno y en la misma proporción que la toponimia, se halla en las hablas del E. y centro de Asturias, es decir, muy al occidente del citado río, lo que prueba que estuvo en vigor en todas estas zonas.

Al O. del mismo hidrónimo no hay duda alguna de su pervivencia y viveza; baste citar el ejemplo del habla de la parroquia llanisca de Meré, donde hallamos abundantes ejemplos de h- aspirada, que llegan a más de dos centenares: jabal "sembrado de habas"; jaya "haya" (árbol); jaedu "hayedo"; jándalu "presumido"; jartu "harto"; jila "reunión de vecinas para hilar"; jachu "hacha"; jelechu "helecho"; jerreru "herrero"; jondu "hondo"; etc...

El caso contrario, es decir, la presencia de f- en los dominios de la h- / j- entre el Sella y el Saja también se da, producto las más de las veces de testimonios arcaicos del primitivo romance, otras por cultismos, y posiblemente en algún caso por el influjo que en determinados momentos ejerció el leonés sobre las hablas occidentales cántabras, lo que ha propiciado la existencia de dobletes toponímicos (La Fabariega / La Jabariega < faba / haba = jaba "alubia"), pero con mucha menos vitalidad que a la inversa.


Para Coloma Lleal la presencia de la h- aspirada en las comarcas orientales de Asturias no es atribuible en modo alguno a un proceso de castellanización, sino que responde a una común influencia del sustrato cántabro.

De ahí que algunos autores, entre ellos Josefina Martínez Alvarez, consideren que la llamada "variedad oriental del leonés" debiera incluirse en realidad dentro del ámbito del castellano occidental, y habría que designarlo con el nombre de "romance cántabro occidental", como ya empieza a ser conocido y que, dicho sea de paso, hay que diferenciar del propiamente "cántabro", es decir, la lengua cántabra prerromana.