Han sido varios los autores modernos que de forma más o menos amplia se han ocupado del tema de las razzias de los cántabros, siguiendo siempre la versión "oficial" ofrecida por Estrabón, entre los cuales podemos citar a E. Van den Eynde y J. González Echegaray, quienes en ningún momento la contravienen, sino que se limitan a hacer una serie de aclaraciones que justifiquen dicho comportamiento en base al carácter guerrero de los cántabros y la pobreza del suelo sobre el que se asentaban.
Pero en los últimos tiempos se han dejado oir voces discrepantes que vienen a poner en tela de juicio la mencionada versión, fundamentalmente el trabajo de Ignacio Fernández Mata, del que nuestro interviniente habitual, Neville, nos adelantó unas breves pinceladas y que ahora vamos a exponer con mayor amplitud, y en la línea apuntada también por Varo en su comentario.
Para Fdez. Mata los pueblos del hábitat montañoso no carecían de un cierto sistema económico que les permitiese salir adelante con mayor o menor dificultad, como eran la ganadería (posiblemente de ganado caprino, vacuno, y ciertamente de porcino, ya que las noticias que nos han llegado hablan de que los jamones producidos en Cantabria gozaron de fama), la agricultura (una actividad exclusivamente femenina), la minería (en el caso de los cántabros mayoritariamente basada en las explotaciones de hierro), la caza, la pesca (practicada en ríos o en la costa muy cerca del litoral), la recolección (de frutos silvestres según la temporada, y de las bellotas con las que obtener harina y fabricar pan), etc….
Contemplado desde una óptica actual podríamos decir que se trataba de una dieta más bien pobre, máxime si la comparamos con la que disfrutarían los pueblos del levante o sur peninsular, más ricos en el aspecto agrícola, ganadero y pesquero, y también mucho más evolucionados económica y socialmente.
¿Cómo paliaban los cántabros y otros pueblos montañeses este déficit alimentario? Pues tal y como expone el mencionado autor Fdez. Mata, acudiendo a un intercambio de productos, posiblemente basado en el trueque, sobre todo en el caso de los cántabros, ya que no hay constancia de yacimientos de metales preciosos (oro y plata) en su territorio.
Por tanto los cántabros aportarían fundamentalmente armas y herramientas, y a cambio los pueblos cerealistas de la meseta les entregarían cereales y vino entre otros artículos, sin desdeñar las prestaciones militares que en forma de ayuda recibieron en alguna ocasión éstos (sobre todo los vacceos) de los primeros.
Sin embargo desde mucho antes del comienzo de las Guerras Cántabras (29 a.C.), la sumisión pacífica de autrigones y turmogos interrumpió el abastecimiento pacífico de las tribus cántabras más orientales, aunque su efecto no tuvo un impacto inmediato al continuar abierta la ruta por el sur, en la frontera vaccea.
Sólo cuando Roma interviene militarmente y corta esta última vía de abastecimiento de grano y vino, se rebelan los cántabros, formando grupos de asalto sobre los pueblos vecinos, antes suministradores pacíficos, para arrancarles por la fuerza lo que ahora les era negado.
La conclusión a la que llega Fdez. Mata es que: "… la agresión de los montañeses contra los recursos cerealícolas de sus circunvecinos llaneros tiene bien poco que ver con ninguna forma determinada de ser, con un estilo de vida específico o con una carestía endémica, pero tampoco se la puede relacionar con la conculcación de algún principio de solidaridad. Los cántabros atacaron las tierras fértiles del sector porque estaba en juego la supervivencia. Y nada más".
3 comentarios:
Muy acertada la opinión de Fernández Mata. También en ese mismo sentido se pronuncia Federico Wattemberg en su obra "Celtiberismo y romanización en la cuenca media del Duero", donde habla de esas estrechas relaciones cantabro-vacceas.
La opinión de Fernández Mata, Wattemberg y otros muchos no es nueva y, en pura lógica, es lo único que explica esa comportamiento belicoso de los pueblos del norte para con los del sur.
Enhorabuena por esta entrada.
P. Q. Varo
Efectívamente Varo; no son nuevas esas opiniones, pero al menos en Cantabria no son muy conocidas,ya que salvo casos aislados (Eduardo Peralta) se siguen prácticamente inalterables las teorías de los autores cántabros mencionados en la entrada (Glez. Echegaray y Van den Eynde).
No se trata de exponer multitud de hipótesis, sino sólo las más significativas y representativas, que rompan con el inmovilismo histórico en el que se han quedado anclados algunos autores.
De ahí el texto introductorio que figura bajo el nombre del blog en su portada principal.
Muchaas gracias por el comentario y la cita bibliográfica.
Un saludo.
Me alegra Jesus que hayas hecho referencia a De Mata pues creo que va a ser toda una referencia a la hora de acercarnos y adentrarnos en el estudio de cantabros y astures asi como de otros pueblos vecinos.
Hay que ir poco a poco desmontando el mito de la agresividad gratuita y el salvajismo de cantabros y astures y explicar detalladamente como has hecho, Jesus, el porque de este comportamiento; explicar que cantabros y astures no eran enemigos de las poblaciones de la meseta norte y fue la intervencion romana la que les puso contra la espada y la pared.
Un cordial saludo, Jesus y Varo y disculpad que no acentue pues no se que ocurre con el teclado.
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